Hace cuatro meses empezamos a escribir una nota interna. No era un informe ni un producto: era un apunte para nosotros, para dejar por escrito algo que nos pasaba en casi todos los proyectos. Llegas con un proceso rediseñado, con la inteligencia artificial metida dentro, y el proceso no es el problema. El problema es que alguien de la sala dice «todavía no» y no sabes del todo qué hay detrás de ese «todavía no».
Esa nota ha acabado siendo Resistenc-IA, una guía pública de unos cuarenta y cinco minutos de lectura, con licencia abierta y dos PDF para descargar. Esto es cómo pasó.
Cuatro meses escuchando
El trabajo de campo fue de julio a octubre de 2026 y pasó por más de quince empresas: en su mayoría pymes españolas de tamaños muy distintos, y una multinacional. No hicimos una encuesta. Fuimos anotando cómo se dice que no a la inteligencia artificial dentro de una organización: en reuniones, en comités, en pasillos y en correos.
Lo que se repetía no eran los argumentos, sino las posturas. Nueve, al final. La misma frase, «esto no está maduro», significa cosas distintas según quién la diga y desde dónde la diga. Y cada una pide una respuesta distinta.
La pieza que nos faltaba
Teníamos muchas observaciones y ninguna manera de ordenarlas. La encontramos leyendo a scenarioDNA, una firma de análisis cultural de Nueva York fundada por Tim Stock y Marie Lena Tupot. En su publicación Analyzing Trends sacaron The Subcultures of AI Doomerism, «Las subculturas del pesimismo sobre la IA»: un mapa de seis grupos que, según su análisis, están marcando el debate público sobre la inteligencia artificial.
La idea central nos resolvió el problema. Quienes desconfían de la IA usan las mismas palabras —«control», «seguridad», «acceso»— pero no hablan de lo mismo, ni reclaman lo mismo, ni proponen lo mismo. Eso era exactamente el lío que teníamos delante dentro de las empresas, solo que a escala de pasillo en vez de a escala de debate público.
La misma palabra, dicha por dos personas distintas, puede estar pidiendo dos cosas opuestas. Ahí es donde se atasca la mitad de los proyectos.
Su método se llama culture mapping y tiene hasta patente registrada. Nosotros no lo hemos aplicado: nos sirvió de inspiración para montar nuestro propio mapa, con dos ejes y cuatro cuadrantes, sobre lo que habíamos escuchado. No tenemos ninguna relación comercial con ellos, y conviene decirlo.
Por qué lo publicamos en abierto
Podríamos habernos quedado la guía dentro y usarla solo nosotros. Nos pareció mejor lo contrario. Hay mucha gente ahora mismo metida en proyectos de transformación con la IA de por medio —formación, innovación, dirección general, estrategia, sistemas— peleándose con lo mismo. Un mapa no se gasta por compartirlo.
Así que va con licencia Creative Commons BY-NC-SA 4.0: puedes usarla, adaptarla y llevártela a tu organización, citando de dónde viene y sin hacer negocio con ella. Hay además un póster para imprimir y unas láminas para llevarla a una sesión de trabajo.
Lo que falta
La guía mira solo una mitad del tablero. Las organizaciones también dicen «sí» a la inteligencia artificial, y tampoco lo dicen de una sola manera ni por un solo motivo. Estamos preparando Impuls-IA, la guía análoga sobre las posturas a favor, y un documento de conclusiones con lo que salga de juntar las dos mitades.
Mientras tanto, si estás en mitad de uno de estos proyectos y reconoces alguna de las nueve posturas en tu propia casa, cuéntanoslo. Un mapa así se afina con casos reales, no en un despacho.