Un gestor de proyectos que se entera de lo que habéis acordado
Tresmeta lee los documentos, las reuniones, los correos y el contexto del proyecto, mantiene con ellos una base de conocimiento viva y saca a la luz las tareas, los compromisos y los cambios de alcance que contienen.
Qué resuelve
Los proyectos no se pierden por falta de información. Se pierden porque la información está repartida en actas, correos, propuestas y conversaciones que nadie tiene tiempo de releer.
El resultado es siempre el mismo. Lo acordado en una reunión de hace tres meses ya no lo recuerda nadie. Un «te lo mandamos el viernes» dicho por correo nunca llegó a ninguna lista de tareas. Y el alcance crece con peticiones razonables una a una que, sumadas, son un mes de trabajo que nadie presupuestó.
Tresmeta ataca eso: convierte los documentos que ya existen en una base de conocimiento del proyecto y en propuestas concretas de tarea, compromiso, decisión o cambio de alcance. Cada propuesta dice de qué documento sale, y nada entra en el tablero sin que una persona lo apruebe.
Qué hace
- Lee actas, propuestas, contratos, correos, hojas de cálculo y transcripciones, en los formatos habituales
- Construye una base de conocimiento del proyecto que se actualiza al llegar documentos nuevos, en lugar de quedarse congelada
- Propone tareas, compromisos, decisiones y cambios de alcance en una bandeja donde alguien acepta, corrige o descarta
- Conserva el origen de cada tarea y cada decisión: el documento y el fragmento del que salieron
- Avisa de tareas duplicadas, de tareas fuera del alcance acordado y de desviaciones respecto a lo decidido en reuniones anteriores
- Mide su propio trabajo y enseña sus fallos en un cuadro de control en lugar de taparlos
- Se configura a tu manera: tus preferencias y tu forma de gestionar. Y para preguntar o extraer información no hace falta un panel de control, basta con pedírselo en una conversación
Nuestro papel
Tresmeta es un producto desarrollado junto con Scalabble. Nuestro trabajo es el ajuste, y conviene explicar por qué hace falta.
Un sistema así no es determinista: interpreta el significado del contexto que le das, y ese contexto ya no es solo texto. Es una grabación de una reunión, una foto de una pizarra, un vídeo, un audio. Un sistema de este tipo no funciona al cien por cien si no se ajustan las ontologías y las habilidades a un contexto concreto: el vocabulario de un despacho de arquitectura no es el de una agencia ni el de una ingeniería, y lo que en un sitio es un cambio de alcance en otro es la forma normal de trabajar.
Ese ajuste es lo que permite que el sistema distinga una tarea duplicada de una parecida, una petición fuera de alcance de una aclaración, o una desviación real respecto a lo que se acordó en las reuniones de un proyecto.
Y hay una parte del contexto que ningún formulario captura y que es justo la que decide si un proyecto sale bien: las preferencias reales de cada cual, y no las que se declaran; el estilo de liderazgo de alguien cuando nadie le mira; cómo toma decisiones bajo incertidumbre; los sesgos que ni siquiera sabe que tiene; y la situación emocional que rodea cada elección. Capturar y modelar ese contexto vivo es donde se juega que la herramienta acierte o estorbe.
Tresmeta no se descarga: se implanta y se acompaña. Se empieza por un proyecto real y se ve funcionando con documentos de verdad, que es la única forma de saber si el ajuste está bien hecho.
¿Tienes un proceso que duele?
Cuéntanoslo en media hora. Sin presentación de cuarenta páginas. Si no somos los adecuados, te lo decimos y te apuntamos hacia quien sí puede ayudarte.