Todo se puede construir. La pregunta es si merece la pena.
Treinta horas con veinte profesionales de perfil técnico para invertir el orden habitual: empezar por el problema de la persona y no por lo que la tecnología permite hacer.
El reto
El cliente es un cluster que agrupa a empresas e instituciones intensivas en tecnología, y encargó un curso de Design Thinking aplicado a la gestión de proyectos IT y digitales para profesionales de varias de sus asociadas: banca, industria y consultoría tecnológica.
El reto no era enseñar una metodología, era invertir un hábito. Quien viene del mundo técnico tiende a pensar desde lo que la tecnología permite hacer, no desde el problema real que hay que resolver ni desde lo que la persona que lo sufre necesita o espera. Es una inclinación lógica, y cara: lleva a construir cosas correctas que nadie usa.
Y había que hacerlo con veinte personas de empresas distintas, con culturas y proyectos distintos, en cinco sesiones, dejándoles algo aplicable a sus proyectos reales del lunes siguiente.
Enfoque de proyecto
Treinta horas repartidas en cinco sesiones, con el mismo esquema: lo justo de marco conceptual y después trabajo sobre un caso, en grupos multidisciplinares.
El caso fue una cadena de tiendas físicas de ropa con veinte años de trayectoria que quería fidelizar a su base de clientes y atraer nuevos segmentos con una línea de producto más digital. Un reto de negocio, no un problema informático.
Los grupos recorrieron el itinerario completo: mapear el contexto, explorar las necesidades reales, construir soluciones y contrastarlas. Y, sobre todo, reformular el reto de partida a partir de lo que encontraban, en lugar de darlo por bueno.
La última sesión se dedicó a aterrizarlo: cómo decidir el tipo de proyecto que toca según lo que ya se sabe de las personas, el tiempo disponible y la ambición, y cómo encajar eso en una cartera que tiene que atender el negocio de hoy y el de dentro de tres años.
- Diseñar con las personas, no solo para ellas: empatía, cocreación y contraste con usuarios reales
- Enfoque en el problema antes que en la solución, con problemas complejos que no tienen una única respuesta válida
- Mapear: cinco porqués, brainwall, arquetipos, mapa de recorrido y mapa de actores
- Explorar: investigación cualitativa, guion de entrevista, escucha activa y síntesis en puntos de vista
- Reformular el reto de partida en un desafío de diseño a partir de los hallazgos
- Construir: ideación, SCAMPER y matrices de selección por impacto, esfuerzo, deseabilidad y viabilidad
- Prototipar para pensar y para mostrar, con la fidelidad mínima que responda a la pregunta
- Testear con matriz de feedback y volver a empezar: sin iteración no hay aprendizaje
- Aterrizaje final: conocimiento, tiempo y ambición como variables para decidir qué tipo de proyecto montar
Resultados clave
30
horas de formación en cinco sesiones, con el caso práctico ocupando la mayor parte del tiempo.
20
profesionales de perfil técnico de varias empresas asociadas, trabajando en grupos multidisciplinares.
1
caso de negocio recorrido de punta a punta, del contexto sin explorar al concepto contrastado.
6
habilidades trabajadas de forma explícita: escucha activa, observación, pensamiento crítico, comunicación visual, colaboración y enfoque en el problema.
El momento que más cuesta y más se recuerda es la reformulación del reto. Los grupos llegan con el enunciado que les han dado y descubren, después de investigar, que el problema que merece la pena resolver es otro. Ese hábito —dudar del enunciado antes de ponerse a construir— es lo que separa un proyecto que se usa de uno que se entrega.
El límite no está en la tecnología
En un equipo técnico, la pregunta por defecto es si algo se puede hacer, y la respuesta casi siempre es que sí. La pregunta útil es otra: para quién, por qué, y si resuelve una necesidad real o solo demuestra una posibilidad. Cambiar esa pregunta no requiere ninguna herramienta nueva, requiere el hábito de hablar con quien va a usar lo que construyes antes de escribir la primera línea.
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